INTRODUCCION
Arte

Partimos de entender que un objeto de arte es aquel que nos crea la vivencia de lo estético, la vivencuia de lo maravilloso, con ese sentimiento subyacente de angustia, de temor a lo desconocido y a la muerte, y que por ello, mismo sirve para recrear la vida.

Tango

Belleza de ritmo y melodía. Bailar un tango es distracción y encontrarse a sí mismo con un fuerte contenido erótico.

Una pasión sentida en cuerpo y alma.

Hay letras en esos tangos (no todas) con un sentido poético que deslumbra.

Poesía que constituye una exacta pintura de lo social.

Macedonio Fernández, creo, fue quien dijo “mientras no lo diga un tango, única fidedignidad nuestra, lo único seguro por ser la sola cosa que no consultamos a Europa”.

El tango, (recordemos a Discepolín) logra captar lo cotidiano y lo profundo. En los hechos sociales es cronista de la época. El tango nos hace únicos e iguales, porteños e irrepetibles.

Gustavo Rovira
Es un hombre que no acepta la tristeza (aún teniéndola) y quiere (exige) la plenitud de la vida. Vive con ojos de asombro lo maravilloso y nos lo muestra en su estética y con su ética recreando la vida. Bodegones, paisajes y escenas porteñas y de tango (salones o cabarets), cielos, panes, campo, luces, humo, amor, tristezas y felicidades. Importa poco ahora si son acuarelas, tizas u óleos. Importan sus ojos y los nuestros. Rovira pinta. Sus obras tienen ritmo y melodía. Su pintura tiene sentido poético y una pasión sentida en cuerpo y alma que lo hace cierto. Y, algunas veces, lo dice en tango, sin consultar a nadie. Gustavo, por favor, seguí cantando, contando, pintando, queríéndonos como ahora.

Prosperidad y larga vida!!

Hugo Bocciardo

Entre la Realidad y los sueños...

Gustavo Rovira y su realismo mágico
Cuando la creación artística empalidece la realidad

La historia del arte moderno se basa en la concepción de la obra como una unidad total, las figuras parciales son absorbidas por el todo, por el concepto universal del paisaje o del objeto.

La obra de arte es entonces el producto de la visión recreada de una realidad. Arte es entonces la explosión de ese mundo interior de quien siente en forma imperiosa e irrefrenable el llamado de la creación.

Crear un paisaje, recrear sus cielos, darle color a su follaje es buscar en nuestra infinita gama de colores interiores y plasmar, en esa mezcla de paisaje, aventura interna y ensoñación una nueva realidad, elevando las ramas al cielo y despegando el paisaje de la tierra, como buscando un espacio en el universo mágico, para ubicar nuestra pintura para siempre.

La obra de Gustavo Rovira con ese paradigma de que el Arte, el verdadero, no es efímero, y en ese objetivo supremo de perdurar, abre e inaugura nuevos y perdurables caminos. Su obra es inédita.

Leonardo, en el siglo XV admitía que el follaje de los árboles resultaba más bello, cuando la luz caía dentro de las hojas. Hoy la luz y las sombras, que antes estaban al servicio de las formas, se emanciparon de los objetos, concibieron su vida propia, más independiente y Gustavo Rovira maneja esos claro oscuros con inusitada maestría. Pesados troncos se tornan transparentes, raíces que se desdibujan para que sea más etérea la propuesta. Cielos celestes, casi blancos, con ramas en forma de plegaria, con un excelente manejo de los planos, otorgan a su obra un realismo mágico, con toques de espiritualidad, hasta en las huellas-que las dibuja y desdibuja- para otorgarle la mayor libertad a la propuesta.

Su paleta es impecable: colores puros, sin exagerada saturación, su dibujo pródigo, con espacios amplios, casi siempre envolventes de ese maravilloso muestrario de la naturaleza que nos hace detener y permanecer frente a su obra con el temor de no alcanzar a recordarla.

Lic. María Elena Beneito

Buenos Aires, Argentina, Julio del 2008.
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